“El lenguajes es político, es decir, es una construcción humana.. En todas nuestras construcciones subyace una ideología".
No sé muy bien qué esperaba encontrar al empezar a leer este libro, pero encontré muchas cosas que no esperaba.
Nunca me había planteado por qué para abarcar a hombres y mujeres se usa el masculino: pues resulta que, según La nueva gramática de la lengua española el masculino es el género no marcado (probablemente porque de los casi quinientos miembros de la RAE solo once son mujeres y la mayoría entró en los últimos años).
Y también resulta que nombrar diferenciando hombres de mujeres es caer en una redundancia (que atenta contra la economía del lenguaje) pero los hombres no son iguales a las mujeres... ni a las personas transgéneros (el término ni siquiera existen en el diccionario de la RAE).
"No nombrar a la mitad de la sociedad perpetúa discriminaciones".
El libro, además, incluye cantidad de planteos interesantes:
-si la a está antes de la o en el diccionario, ¿por qué primero se nombra en masculino y después en femenino? cazado - da.
-si el genérico masculino incluye el femenino… por qué el apuro en distinguir del genérico femenino a los masculinos (pone como ejemplo palabras que la RAE incluyó de oficio modisto, enfermero, cocinero, etc) y la resistencia de incluir ciertas profesiones en femenino (por ejemplo, la palabra médica estuvo fuera del diccionario durante años y volvió a incluirse en 2014 O.o).
-la forma en la que están escritas las definiciones; la connotación negativa de algunas palabra duales(perra y perro, por ejemplo), la connotación positiva de algunas en masculino (gallardía) y negativa en femenino (ninfomanía que puede variar a ninfómana, pero no a ninfómano) :/
Y Tanto más.
No es que la RAE me pareciera incuestionable, sobre todo después eliminar del diccionario abrazado, pilluelo y pegaso entre otras tantísimas palabras e incluir almóndiga y otubre. Es más, la escritora dice que, si el uso habitual es lo que determina la inclusión, en cualquier momento van a aceptar fuisteS, visteS y otras de esas que hacen que el ojo me titile.
La verdad es que hasta no leer el libro no me había interpelado la generalización general... aunque más de una vez me pregunté en qué momento me di cuenta de que la ley Saenz Peña; esa que establecía que el voto en Argentina era secreto, obligatorio y universal no era tan universal como había supuesto en un principio.
"El hombre, salvo excepciones, está incluido siempre. La mujer tiene que deducirlo".
Es un buen llamado de atención y da pautas para escribir en lenguaje inclusivo.
-El alumnado en vez de los alumnos.
-La humanidad o las personas en vez de los hombres.
-La ciudadanía en vez de los ciudadanos.
-Quienes... (ejercen la medicina, por ejemplo) en vez de los médicos.
-La mayoría en vez de casi todos.
Y más... que se sintetiza en "escribir las frases de otra manera".
Lo diferencia del lenguaje políticamente correcto porque la idea del lenguaje inclusivo es reconocer usos comunes clasisitas, racistas, sexistas y homófobos y desechar la ambiguedad.
Confieso que me cuesta el todos y todas y me resulta natural encontrar la E... no así usarla porque siento que sobreactúo *insertar aquí emoji de encogimiento de hombros*.
Tiene sentido "ser consciente de lo que se nombra y de lo que no" .
Si toda tu infancia escuchaste "...que el arquitecto tal cosa, que los arquitectos... tal otra" las posibilidades de que internalices que podés ser eso -o lo que quieras- son menores.
Y siempre es bueno saber que podés ser lo que quieras ser.
Y creerlo también.
Aunque seas mujer ;)
Aunque seas mujer ;)