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domingo, 7 de febrero de 2021

La institutriz - Gabriela Margall

La institutriz - Gabriela Margall
¿A qué lugar pertenecemos? ¿Al lugar donde nacimos o a donde viven nuestros amores? ¿Al lugar con el que soñamos todas las noches? Elizabeth Shaw desea volver al pueblo donde nació, el puerto de Fowey, en el sur de Inglaterra. Huérfana desde los dieciséis años, su existencia ha transcurrido en casas ajenas, educando niños y jovencitas de alta sociedad en Buenos Aires. Disciplinada y dueña de firmes convicciones, su trabajo le permitió hacerse un nombre y convertirse en una institutriz apreciada y respetada.
Cuando su regreso a Inglaterra es casi un hecho, una familia -a la que está unida por fuertes lazos- requiere su experiencia.
La lealtad y sus sentimientos todavía vivos la llevarán a entrar en un hogar donde todas sus convicciones serán cuestionadas: un antiguo amor volverá a su vida, dos niños desamparados pondrán a prueba su capacidad y Elizabeth deberá lidiar con la pregunta sobre su verdadero origen.


Gabriela Margall es una de mis escritoras favoritas porque  tiene la cualidad de ubicarte en el medio de la escena para sufrir, disfrutar, reír… o lamentar no poder sacudir a alguno de sus personajes.


Acá nos presenta a Elizabeth Shaw, La institutriz (con todo lo que tiene que ser una institutriz):

“Miss Duncan diría que una institutriz es el modelo de la familia. Debes ser madre, padre, niño, abuelos. Ser nadie cuando es necesario y ser faro en la tormenta. Todos deben mirarla y saber cuál es la respuesta”. 


Y creo que de su boca sale la mejor descripción de la historia:


“Un retrato hecho de retazos, de personas que vivían gracias al mar que las devolvía a la playa”.


Hay retazos de todo tipo: delicados, flexibles, nobles, bastante maltratados, rígidos  y también de esos almidonados y ásperos que se van suavizando con el tiempo. Muy ásperos… que se suavizan (un poco)  en mucho, mucho tiempo.

Me encantó  la manera en la que están enlazados esos retazos llenos de dolor, silencios, secretos, lealtad, amistad, amor, idas y vueltas.

También hay humor, que conste.

Y hay un Toby.

Lo que no hay es un epílogo.

¿Será que hay una segunda parte?


Mi obsesión por las historias sin cabos sueltos, quizás, podría conformarse con un epílogo… pero las ganas de seguir leyendo prefieren una segunda parte.