Aunque me encanta cómo escribe Stephen King, no leí tantos libros suyos como me hubiera gustado.
Para empezar, no consumo terror. Es más, el único libro que leí del género fue Carrie y tuve pesadillas por días; (dentro de mis ¿particularidades?) soy muy miedosa… y novelera: necesito dejar las historias en puntos en los que los malos no están haciendo de las suyas y los buenos están seguros; porque sino… sueño (y eso cuando duermo).
Desde que leo de a ratitos, ni siquiera elijo sus novelas negras.
Es que él es muy fan de los cliffhanger (es el recurso de poner un gancho al final del capítulo que te incita a leer el siguiente para saber cómo se resolvió la situación) porque es empezar y no saber cuándo va a ser el punto en el que todo va a volver a estar en calma (calma que necesito para no quedar enroscada inventando escenarios alternativos).
Uno de mis regalos de cumpleaños fue “Mientras escribo”.
La primera parte es una autobiografía y cierra con una lista de sus libros imprescindibles. En medio hay un desglose de “la caja de herramientas” que se usa al escribir.
La primera y fundamental es LEER.
Yo leo, Mr King, de a ratitos salteados (y no muchas cosas suyas) pero leo, para que sepa ¿?
Lo que más me llamó la atención del libro fue el apartado dedicado a los diálogos; odio las palabras repetidas así que me molesta el:
A —dijo tal.
B —dijo cual.
AB —dijo tal cual.
ZZZZ —dijo (se´gual).
Los que saben, “dicen” que el cerebro tiene el "dice" incorporado y no lo registra.
En fin…
Él avala esto y despotrica contra los verbos de atribuciones de diálogo; ahondando en las “Switfies” (redundancias).
Confieso que desde que leí el libro suelo encontrarlas por todos lados y a veces las justifico.
Ya sé que si algo está entre signos de interrogación, obviamente es una pregunta… pero se usa la "palabrita" para identificar al hablante.
Voy a intentar no hacerlo más, Mr King; pero... quién no ha caído en el:
—¡Qué alegría! —exclamó Pepita, sonriente.
(o alguna variación de la obviedad).
Una ¿solución? podría ser incorporar acciones para ahorrar el dicendi:
—¡Qué alegría! —Pepita pegaba saltitos.
...pero se pierde el ritmo.
¡Qué difícil todo!
