Adiós es de esas historias que, tristemente, no pasan de moda. Recién al armar la entrada leí la sinopsis y no puedo creer que diga que es una "historia de violencia invisible, indenunciable".
No tengo conocimiento de otros sistemas judiciales, pero en el nuestro SIEMPRE se puede denunciar.
No digo que sea sencillo y se obtenga un resultado acorde a las expectativas de quien da el paso.
Pero poder, se puede.
Volviendo a la historia: la persona que me pasó el libro me comentó que estaba bien… pero no le había gustado tanto. En ese momento me sentí menos culpable por haber llevado un libro que tampoco es de mis preferidos y no me importaba demasiado perder porque ella había hecho lo mismo... cosas de prestarse libros con gente que no conocés tanto.
También dijo que no había llegado a conectar del todo porque la historia, al hablarle, no la dejaba sentirse protagonista (o algo así, pero la idea era esa).
Ahí me reí un poco sola: yo también usé el recurso de romper la cuarta pared en mi primera novela porque no lograba del todo la que se supone es una regla básica: "no se cuenta, se muestra” así que para disimular decidí que la parte de contar fuera adrede.
La historia es una especie de carta en la que se le cuenta a alguien, a modo de aviso, cómo fue que se desarrolló esa relación tóxica.
En primera persona, destripa las instancias que este tipo de relaciones suelen transitar: construir el vínculo desde la disparidad, la sensación de que nadie más vive un amor así; pasando por la violencia que puede empezar con desplantes y enojos, escalando hasta el destrato y el maltrato. Con las lunas de miel intermedias, claro... que cada vez son más lunas de hiel.
Es cierto que la historia es corta y directa, pero yo la leí de un tirón, más que nada, para asegurarme de que Helena había sido capaz de decir Adiós.