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domingo, 19 de diciembre de 2021

De a tres. Hoy: tres que tienen más cosas en común que las que cualquiera supondría

Estas historias son de autores que descubrí este año y -quiero leer más-  tienen personajes que te dan ganas de abrazar, un profesional haciendo bien su trabajo; están contadas a más de una voz, comparten temas, comparten tono.

Son historias que me emocionaron… y si sigo pensando, seguro se me ocurren más puntos en común. 

Diferente -Eloy Moreno

Soy la primera en defender el contar lo menos posible en las sinopsis, peeeeero… si las historias incluyen enfermedades, creo que deberían tener algún aviso: a cada quien le duele alguien y hay temas que no siempre se tiene la fortaleza (o las ganas) de encarar.
Esta historia por momentos juega al misterio al mismo tiempo que invita a reflexionar sobre  la cantidad de cosas que damos por descontadas por cotidianas. Como comentaba al principio, nombra enfermedades terminales y sus padecimientos, pero habla principalmente del amor, de la conexión, de reconocer la magia y disfrutar de los instantes.

Me gustó mucho la manera en la que está llevada, podría ser un regodeo en el dolor y no lo es. Es sencilla y claro que duele y emociona, pero detrás está la esperanza.
Es una historia que dudo que a alguien le resulte indiferente.

Las gratitudes - Delphine de Vigan

Empieza por el final y sigue por el inicio de ese “soltar amarras”.
¡Cuánto se puede decir con poco! Sencillo y al punto, emociona y duele desde lo entreverado, desde lo dicho y desde lo que se quiere decir.
Habla de la importancia de las palabras, de agradecer, de perdonar; de la dificultad y de la necesidad de expresarse… de la diferencia que hace en las vidas de unas personas la existencia de otras. De cerrar historias y comenzar otras.
De agradecer.
Sobre todo, de agradecer.

Un hijo -Alejandro Palomas

Hay historias que develan contenido por la manera en la que están contadas.
Acá hay ternura y hay dolor.

Hay un niño que quiere ser Mary Poppins. Que pide ayuda al tiempo que quiere ayudar y hay adultos que (pueden o no) ayudarlo.

Hay un deseo y un objetivo que es más importante que el miedo.

Y hay una verdad que se presume casi desde el principio pero igual emociona al develarse.

Y eso.